Tío acaudalado
Yo tenía un tío acaudalado y soltero que murió hace unos pocos años. Mucha gente, incluyendo varios de mis primos, tenían la ilusión de que les iba a dejar en herencia jugosas cuentas y propiedades. No fue así pues murió intestado y sus hijos, como era lo procedente, reclamaron lo que les correspondía.
Su velorio era un ir y venir de gente codiciosa y rastrera, irreconocible de unos cuantos días antes.
Aún así, no me dí cuenta de qué tan mezquina e interesada pueden llegar a ser algunas personas, hasta que le hablé a un «amigo» apodado Harlot para comunicarle el fallecimiento de mi tío. Este personaje, en vez de darme un pésame o frases de aliento y consuelo, tuvo la sorna para decirme: «Gustavo, te felicito. Tu tío te debe de haber dejado forrado de billetes».
Me indignó su nula humanidad, su inconsciencia, su cerebro purulento y larvario. Le dije que no era para tanto, pero que mi tío había abierto una pequeña cuenta a mi nombre. Decidí dejarlo con la duda y no quise revelarle la cantidad.
Pasaron cuatro años y comprobé que la imaginación de este sujeto no tuvo límite. Me acabo de enterar que varios de mis primos, amigos de él, atribuyen mi independencia económica a la cuantiosa herencia que, según ellos, recibí de mi tío. De hecho, sobredimensionan el mediano éxito que he tenido con mi negocio y creen que soy millonario.
Si algún día leen esta bitácora, y lo dudo mucho pues su codicia los analfabetiza,
se enterarán que recibí la estratosférica cifra de… $250.00 dólares.
Aprovecharé para decirles a estos improbables lectores que, aunque no lo entiendan, haber recibido esta cantidad para mí es un honor. Solamente a mí y a una querida prima mi tío tuvo a bien dejarnos herencia y eso me enorgullece.

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