Recuerdo irrelevante: Esos son los verdaderos amigos
Nunca se sabe de dónde vienen los amigos.
Hace ya muchos años, por ahí de 1985, me encontré en la calle a un güey que conocí en la secundaria y a quien había tratado muy poco pues estudiábamos en diferentes escuelas. Era un güey oscuro y místico de nombre Rafael o Tacho. Me saludó y de bote pronto me preguntó.
– ¿Conoces a Arizpe?
Le dije «yo soy». Empezamos a hablar de música, pues mi amigo Harlot le había dado buenas referencias acerca de colección de discos de rock. Fuimos a su casa, que estaba a unos metros, y me obsequió, sin más, un disco. Era el «Don’t Look Back» de Boston. Yo estaba feliz.
Dieciocho años después supe la razón de su repentino regalo. Hace unos días estuvo de visita aquí en el D.F. y me confesó que el exagerado de Harlot le había contado que yo tenía cientos de discos de rock, así que Rafael pensó, maquiavélicamente, «si yo le regalo un disco, el Arizpe no podrá negarme ninguno a mí».
En efecto, así sucedió. Lo malo para él es que yo no tenía cientos, sino apenas unos 80 o 100 discos.
Pero mientras tanto nos hicimos muy buenos amigos, compartimos mucha música, mucha buena plática, libros y mucho vino. El me contó de un sujeto que por las noches brilla en tonalidades de verde.

Deja una respuesta