Recuerdo irrelevante: 11 de septiembre
Ese día fui a visitar a un cliente y la consternación era generalizada en aquellas oficinas, excepto para dos personas: por un lado, una zorra que lo veía como algo natural y que comentaba como si nada que veinte aviones se habían estrellado en unas 15 ciudades norteamericanas a la par que presumía que ella estaba lista para una eventualidad de una devaluación de un 60%. Por otro lado, un patán que sostenía, feliz, que por fin vendría la recuperación económica gracias a la inminente guerra, y que sonreía al ver caer la segunda torre.

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