Ha muerto ese hombre excepcional, Karol Wojtyla, que hizo historia y a quien en México se le venera más que a Jesucristo, más que al Chapo, más que a Rigo Tovar. Nunca olvidaré su inconfundible voz que parece salida del mismísimo E.T. Será por siempre legendaria su impresionante fuerza física que le permitió aguantar dos plomazos y tal vez unos cien viajes por prácticamente todo el mundo. Para alguien poco religioso como yo, definitivamente fue un papa que no produce tanta flojera como sus antecesores, como el oscuro Paulo VI.
Recuerdo es que lo ví dos veces. La primera vez fue en Aguascalientes, en 1990. Decidí ir a verlo pues necesitaba seguir una farra de 23 días.
Se había terminado la Feria de San Marcos, ahí en Aguascalientes, y yo había asistido día tras día a la feria. Traía una inercia de pachanga muy fuerte, así que cuando me enteré que iba a estar el papa en el aeropuerto, me colé con la familia de mi amigo Luis Fernando, el Loquillo, con tal de seguir en ese plan de desveladas. Convencí a Luis Fernando a regañadientes para que me permitiera ir con ellos.
Obviamente había que desvelarse para encontrar un buen lugar, así que llegamos como a la una de la mañana al inmenso terrenazo dispuesto junto al aeropuerto y que ya estaba atestado por unos dos millones de personas. La gente dormía entre charcos y arbustos espinosos. Buscando un buen lugar para observar al Papa, caminábamos sobre cuerpos cubiertos de plástico, que parecían de muertos.
Gracias a los 23 días de tomar cerveza a diario en la Feria, acababa de retomar el vicio del tabaquismo y recuerdo que esa noche de espera al papa fue una abstinencia de perros, pues llevaba pocos cigarrillos.
Muchas horas después arribó el avión del Papa. Tal vez a las 10 de la mañana, el papa recorrió en su papamóvil algunos puntos cercanos a donde estaba la gente, que aplaudía efusivamente. Lo ví pasar a unos 6 metros de donde estábamos sentados.
Cuando empezó su discurso, la desvelada ya había hecho su efecto y yo ya estaba completamente dormido.

TODO SOBRE EL RESUMEN DE LA MUERTE DE JUAN PABLO II
Juan Pablo II murió mientras yo miraba, en vivo, un Argentinos Juniors-Quilmes, en el barrio de La Paternal, en Buenos Aires. Nos enteramos del deceso en el taxi que nos llevaba del Estadio Diego Armando Maradona a la Doble Visera, de Avellaneda, en donde Independiente le daba la bienvenida a Pedro Trogilo como DT de Gimnasia y Esgrima La Plata, aquella noche en que el Tona gritó un gol del «Rojo» en la tribuna tripera y los hinchas platenses nos miraron a ver muy feo. Lo que verdaderamente me puso mal aquella tarde porteña fue que por culpa de la muerte de ese cabrón se puso en suspenso la fiesta de los 100 años de Boca Juniors, motivo principal de ese viaje a Buenos Aires.
para mi fue muy significativo, ese dia le festeje los 15 años de mi hija un mes despues de su verdadera fecha, solo Dios sabe lo importante que era ese dia, yo ala edad de 8 años que tenia cuando vino a México a Gdl, en mi corazón lo sentía como el Dios en la tierra como el padre de Jesús un hombre sincero, sencillo, humilde inteligente que en su rostro derramaba paz, tranquilidad honestidad armonía es todo lo relacionado un excelente guardian del amor de Dios a él le pedi que me diera fuerzas para soportar lo angustiada que me sentia con mi esposo y senti una fuerte tranquilidad y poco despues de las 2 de la tarde oi el repicar de todas las iglesias, que mi corazón sintio que se rasgaba de dolor por la gran perdida que me daba dejar ir al Papa con Jesus. En los corazones no podemos engañar y el todo lo sabe donde estes te pido que me ayudes en mi matrimonio
estoy arto de ripitir que las pastis te dañan el coco
Este contenido está tocado por la inspiración como casi siempre en este sitio.
Muchas gracias por la publicación, un saludo.