La Jornada y su extremismo de izquierda
Tal vez ya esté por demás criticar la tendiencia casi maoísta de este que fuera un baluarte del periodismo independiente de México. En los últimos meses prácticamente se han convertido en voceros del siniestro Manuel Bartlett quien ahora resulta ser un defensor de nuestro patrimonio nacional. Todo esto hace La Jornada en su incomprensible afán de estar en contra de cualquier asomo de privatización de la industria eléctrica y petrolera.
No es que yo esté a favor de la privatización. Recordemos cómo nos fue con las millonarias indemnizaciones del rescate bancario y el rescate carretero. Pero también hay que ver cómo una deficiente empresa paraestatal, Teléfonos de México, después de ser privatizada es una de las empresas más rentables de todo el planeta.
Pero lo que me trae frito es ver cómo este periódico cae cada vez más en el descrédito, por lo que enlistaré aquí algunas de las posturas que más me han decepcionado de este periódico que va que vuela para convertirse en panfleto del Khmer Rojo de Pol Poth.
- Apoyaron al violento Frente Popular Francisdo Villa cuando estaba la bronca de la Ruta 100.
- Apoyaron la toma de la embajada japonesa en Perú en el 96. Al día siguiente del rescate, se rasgaron las vestiduras ante la muerte de los sanguinarios Néstor Cerpa y secuaces que tenían bajo control la embajada.
- Apoyaron la huelga en la U.N.A.M. Herman Bellinghausen, rubio zapatista reportero de la Jornada, idealizaba en sus crónicas acerca de la perfección de este movimiento, que paralizó la universidad por 10 meses y que catapultó entre otras cosas la fuga de cerebros, entre ellos Miguel de Icaza. Pintaba las maratónicas asambleas de 36 horas como felices y democráticas discusiones.
- Se convirtieron en voceros del corrupto Mario Ruiz Massieu cuando este tuvo graves enfrentamientos contra su partido el PRI.
- Saludaron el surgimiento del E.P.R. En sus crónicas reseñaban el «hermoso mensaje de esperanza» de estos indigentes cerebrales, secuestradores y narcotraficantes.
- Apoyaron y siguen apoyando incondicionalmente al brazo político de la ETA.
- Apoyaron al pueblo de Tepoztlán, impidiendo la creación de un parque industrial que daría vida y trabajo a ese horrendo pueblo que expulsa a sus ignorantes habitantes al exterior. Los hermosos paisajes de Tepoztlán, que no el sucio y descuidado pueblo, atraen a gente pudiente de las ciudades cercanas a construir casas de descanso, mientras el pueblo se consume en el alcoholismo. Algo similar sucedió con San Salvador Atenco, en donde sus habitantes impidieron la construcción de un aeropuerto y la rehabilitación del lago de Texcoco. Los campesinos pueden estar contentos. Se quedaron con sus tierras yermas y polvorientas. Perdieron la oportunidad de tener empleos dignos y vivir en una zona de exponencial plusvalía. Por supuesto, La Jornada siempre estuvo con ellos, apoyándolos acríticamente.
- Consideran mártir al ridículo coreano suicida en las recientes manifestaciones de globalifóbicos en Cancún.
- Jamás han criticado, ni por asomo, al EZLN y sus desnutridos comandantes de 1.10 metros de estatura, muy voluntariosos y eficaces, capaces de adiestrar y tener en sus filas a un subcomandante como Marcos y que no se pierden las telenovelas de Thalía y Adela Noriega. Todo sea por nuestros usos y costumbres.
Y ya, pues tengo que ir a leer La Jornada antes de desayunar.

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