1998. Fui citado por el yuppie en su oficina y llegué puntualísimo. Por teléfono me habló de ofertas tentadoras para hacer negocios irresistibles así que no quise por ningún motivo quedar mal.
Ya en la reunión escuché una descripción de un interesante negocio en internet, B2B, con estimaciones, proyecciones y una gran claridad en las expectativas a dos, cinco, diez años. Durante dos horas intercambiamos puntos de vista y hablamos fragorosamente del negocio del siglo.
Le pedí su dirección electrónica para enviarle un ante-proyecto. Su respuesta, más o menos, fue la siguiente: «No tengo correo electrónico y de hecho no he navegado en internet».
