
foto por: Aitor Escauriaza
Qué belleza de artículo en El País.
Me trastorna la belleza de esta mosca, su laboriosidad, su tesón biológico, su voluntad de existir, su perseverancia orgánica. Me conmueve su modo de relacionarse con el macho, me hacen llorar sus enormes ojos (de un rojo bermellón intensísimo), sus elegantes alas, sus patas exquisitamente articuladas, su trompa, su cabeza, su tórax, sus tráqueas, sus genitales…
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