Daba ternura ver a esos pobres descobijados llorando después de que se conoció el fallo del Tribunal. Es posible pensar que realmente están convencidos de que su héroe López Obrador es lo que reallmente necesitamos los mexicanos. Deveras que me pueden los inocentes.
Ayer un amigo me platicaba las reacciones que provoca el peje en dos de sus empleados, que son partidarios de ese desagradable sujeto. Uno de ellos dice que sintió lo mismo cuando vio al peje que cuando vio a Juan Pablo II: lo deslumbró. Como sabemos, ese papa es una especie de ídolo para los mexicanos, al mismo nivel que el Enmascarado de Plata.
El más influenciable de sus empleados de mi amigo afirma que no puede acercarse a más de 50 metros al peje en sus mítines, pues cae postrado. Se le doblan las piernas. Tiene miedo de que un día de estos pueda al fin estrechar su mano y pierda control de sus esfínteres.
Así que tenemos aquí a un líder social que produce reacciones de tipo escatológico. A algunos les produce ganas de vomitar y a otros les produce diarrea.

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