El poder de la palabra poética
Imaginen dedicarle a alguien este fragmento de un poema de Eduardo Lizalde, favorito de esta su Página Mutante.
Perra sin límites
que corrompió a su paso la tierra
con su hirviente orina,
que al dogo fiel dio vástagos de puerca
y que agrietó las calles al andar,
cloaca ambulante, ¿a qué llorar por ella?
O bien, ¿qué tal estas líneas de Ricardo Castillo?
Tú también tienes el trasero dividido en dos.
Pero es indudable que tus nalgas
son incomparablemente mejores que las de cualquier hombre,
tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;
son más importantes que el sol y dios juntos,
son un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación,
un pastel de cumpleaños en tu cumpleaños,
una bendición de la naturaleza,
el origen de la poesía y del escándalo.

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